Y volver a recordar esos días. Mayo del 2010. En dos semanas se jugaban dos finales. La de la Uefa, que acababa de cambiar de nombre y ahora había pasado a llamarse Europa League, la otra era la de la Copa del Rey. Fulham y Sevilla eran los rivales.
Mucha tensión pero la ilusión era mayor. Después de años de sequía se volvían a presentar dos oportunidades de volver a tocar el cielo.
12 de mayo. Dos goles nos proclamaron campeones de Europa. Siempre recordaré lo que sentí al ver al capitán del Atléti levantar la copa. Fue un momento mágico. Los seguidores atléticos más pequeños podían ver por primera vez a su equipo en lo más alto. Yo no guardo ningún recuerdo del doblete del 96 así que fue algo totalmente nuevo.
Quise ir esa noche a neptuno, había que celebrarlo por todo lo alto. Erábamos campeones. Pero no pudo ser mis padres no quisieron llevarme... a cambio me prometieron que iríamos a Neptuno al día siguiente, cuando llegasen los campeones de Hamburgo con la copa.
¡Qué fiesta en Madrid! Recuerdo que estuve a unos metros del autobús de los campeones. Imposible contener las lágrimas en el momento que Antonio Lopez le colocó la bufanda rojiblanca al dios del mar, Neptuno. Fue algo que no puedo explicar con palabras, se tiene que vivir para poder entenderlo.
La final de Barcelona contra el Sevilla no pudo ser. Pero me quedo con ese 12 de Mayo y el día siguiente en Neptuno con los jugadores celebrando el título.
